ENSAYO

EL NIDO VACÍO

NOEMI CARRIZO 

(Lea - Buenos Aires)

En el universo social que habitamos puede observarse la vulgarización que se hace de la familia y sus vínculos toda vez que se pretende describirla. La mención abusiva de sentimientos de cuya nobleza no se debe dudar, las pseudos reflexiones buscando el impacto, las cumbias literarias donde el amor sólo baila con la imagen, hoy son pan comido para los paladares degradados en el lugar común.

Por eso nos sorprende la excelente tarea de Noemí Carrizo cuando ilumina, describe y profundiza la dinámica humana en la estructura familiar. Lo hace inteligentemente al modo de cuentos cortos -experiencias únicas y por lo tanto universales-, mostrando la tupida conflictiva familiar, tanto en su desarrollo evolutivo como traumático.

La ternura -sentimiento supremo en proceso de extinción- es tratada en el texto como articulador que crea y armoniza el escenario vincular. Y además con la certeza de su objetivo logrado, lo sepa o no el destinatario.

El arte de la autora parece estar en la integración conseguida entre la constante interpelación a la que se somete a sí misma y la observación de sus interlocutores centrales -casi siempre los hijos.

Conocer y comprender, y luego escribirlo tal cual fue vivido, hacen de estas columnas-libro una particular estética espiritual. Desde donde se mira está lo que se ve. Y al mirar los roles familiares "se aprende a ser hijo cuando se es padre y a ser padre cuando se es abuelo".

Los itinerarios vitales que atraviesan las etapas de tener, mantener y perder, en relación a los hijos, harán que la autora vuelva a la carga diciendo "juntos o lejanos, pegados o desprendidos, arraigados o dependientes, padres e hijos componemos la fórmula humana total y sin desmedro y sin desmayo y sin claudicaciones, valga lo que valga y cueste lo que cueste".

El texto ofrece espacios para amplias reflexiones. Encontraran lugar ahí los felizmente equivocados como los trágicamente acertados. El problema, entonces, no es el nido vacío sino el nido vaciado, donde los responsables del latrocinio, los llamados padres, cometen el error de no pensar a los hijos. No es un libro de autoayuda; aquí no se indica cómo ser sino, más precisamente, cómo son las cosas.

Un interesante ejemplo, observable en escasas ocasiones, donde el pensamiento se vuelve filosofía.

POR OSVALDO AIZICZON © LA GACETA